El domingo pasado el gobernador Ricardo Rosselló aseguraba que había suficiente combustible y que solo existía un problema de distribución que empezaría a resolverse el martes. Este miércoles 27 de septiembre las portadas de los diarios locales confirman que el mandatario fue tal vez demasiado optimista.

 

En la capital San Juan (390.000) como en el resto de rincones de esta quebrada isla de 3,5 millones de habitantes, Se hacen una larga fila de personas con bidones rojos en la mano a la espera de que llegue su turno después de varias horas para llenar gasolina, por la escasez.

 

El diésel está todavía más difícil y es crucial porque es el que hace funcionar el grueso de generadores eléctricos que suplen la red eléctrica, arruinada al 100%, o la maquinaria pesada necesaria para desbloquear la colapsada red de carreteras.

 

La falta de combustible repercute además gravemente en la movilidad de las personas y en el funcionamiento general del país, ya que el diesel es fundamental para hacer trabajar las plantas generadoras que mantienen la actividad de restaurantes, negocios, edificios e infraestructuras.

 

 

Los distribuidores de alimentos y restaurantes necesitan combustible para que los generadores de energía funcionen, ya que de lo contrario la mercancía se deteriorara y la situación se agravará.

 

Hasta el aeropuerto internacional de San Juan, que opera bajo mínimos porque el huracán lo dejó sin tres de sus cuatro radares, está sin luz ni aire acondicionado. Algunos hospitales de municipios pequeños se han quedado ya inoperativos por falta de combustible.